Hace mucho tiempo me encontraba atravesando una etapa muy dura de mi vida, ya que no tenía un sustento económico estable debido a mis constantes arranques de ira, los cuales me llevaban a renunciar a cualquier trabajo en el que caía. El problema no era adaptarme, el problema era que la rutina de esos trabajos me volvían loco al punto en que causaban en mí ser un terrible hastío que conllevaba a que todas las mañanas, cuando me despertaba, mirara el reloj y dijera: - Que no jodan!, estoy cansado.-. Acto seguido me acurrucaba en mi cama y seguía durmiendo hasta pasado las 9 de la mañana o hasta que la cama decidiera botarme; cualquiera de esas 2 alternativas eran más dignas a tener que ir al maldito trabajo y fingir una sonrisa amable, aguantar el maldito calor de la ciudad, soportar a algunos clientes prepotentes, etc. Fue así que un día en el que me encontraba buscando trabajo, me tope con un viejo amigo de colegio, uno de mi promoción para ser más exacto; él también estaba en la búsqueda del trabajo utópico (fácil, que de ganancias y no necesite invertir mucho dinero), al igual que yo.
- Sabes Fernando- me decía mientras tomábamos unas gaseosas heladas- tanto tú como yo somos 2 jóvenes inteligentes que no merecemos estar subordinados en sucios trabajos que nos pagan una miseria.
- Tú lo has dicho hermano- le respondía - nosotros desde el colegio ya mostrábamos un perfil de trotamundos
- Así es, y es por eso que eh estado averiguando sobre un negocio que nos hará ricos a ambos sin sudar si una sola gota- sentenció mientras se acababa su gaseosa.
- ¿Hablas en serio?- le pregunte con un escepticismo que me caracterizaba.
Mientras Santiago me explicaba sobre todas las ganancias que nosotros recibiríamos por el negocio, mis sueños de gloria volvían a renacer y me parecía ver aún esa luz que tantas veces me coqueteaba y se iba por el horizonte. Yo me estaba haciendo ideas sobre todas las cosas que me iba a comprar con el dinero ganado, pero faltaba algo, y ese algo era saber sobre “qué” se iba a tratar nuestra empresa.
- ¡La pornografía!- exclamó Santiago, provocando mi risotada y también un poco de vergüenza porque algunas personas se habían percatado de nuestra conversación.
- ¡!!Jajajaja!!!, ¿ De qué hablas loco de mierda?, parece que los papeles ahora se han cambiado, tú eres ahora el loco y ya no- le respondí con cierta gracia.
Cuando iba a explicarme sobre el negocio de la pornografía, ya nos estábamos dirigiendo hacía el malecón de chorrillos, aquel malecón me traía malos recuerdos; fue allí donde una enamorada mía había decidido terminar con nuestra relación y también fue allí donde de pequeño jugaba con mi padre, aquel señor al que siempre le guarde rencor por alejarse de mí y por el cual ahora estaba así, sin casa, sin comida, buscando un trabajo y a punto de enrolarme al tan llamativo mundo de la pornografía.
- ¿Pero dime, acaso vamos a salir en esos videos?- pregunte tan inocentemente que provoque la risa de mi compañero.
- !!!jajajaja!!!! no nada de eso loco, nosotros lo que vamos a hacer, es poner nuestra productora de videos porno y vamos a venderlos a los grandes mercados de pornografía del mundo. Pero si tú quieres fornicarte a alguna de esas putas, normal por mi jajajaja- me respondió con una risa más fuerte que la que causo mi primera pregunta.
- Nooo, nada loco, estás loco, yo no haría eso, es que me quedaban mis dudas pues.
Aquella pregunta de Santiago causó en mí ser un poco de nerviosismo propio de un adolescente avergonzado; y es que yo aún era virgen, sin embargo, todos mis amigos creían que ya había tenido relaciones sexuales con todas las enamoradas que les había presentado. Aunque les parezca un poco tonto, yo tenía miedo de mantener algún coito, así sea con mi enamorada, el por qué, ni yo mismo lo sé.
- Ya mira Fernando, solo necesitamos un capital para poder pagar a las prostitutas, pagar a los patas que se las van a fornicar y nada más, después solo tendremos que pensar en qué gastaremos el dinero, eso será lo más difícil.
- ¿Y las cámaras?- pregunte.
- Mi hermana tiene una cámara digital, se la pediré prestada y listo.
- ¿Y cómo haremos para vender las películas, acaso las venderemos en el hueco?- pregunté causando una sonrisa por parte de Santiago.
- No hermano, nada de eso, yo ya tengo unos contactos en Praga y Holanda, los puntos estratégicos de la pornografía mundial.
- ¿ Y en Estados unidos?, que yo sepa a los gringos también les vacila el porno
- No pues, los gringos no pagan precio hermano, nuestras películas tienen que entrar donde los grandes.
Santiago tenía todo listo y hasta preparado podría decirse, ya sabía donde podíamos conseguir putas para grabarlas, a su lado todo parecía fácil, él tenía una atracción y una sonrisa especial, seguro era eso lo que siempre me atrajo de él, desde el colegio.
- Muy bien, vayamos por las putas- sentencie con una sonrisa en el rostro.
- Así me gusta que hables hermano, como te dije, nosotros 2 solos podemos comprar este mundo de mierda.
Y fue así como Santiago con una idea en la cabeza y yo con el dinero en el bolsillo nos dirigimos hacía el Jirón Cailloma, el mítico antro de prostitutas, ladrones, pasteleros y cuanto paria sin dinero, habita.
- Mira a esa chinita huevón- me decía Santiago- vamos, acerquémonos.
- Está bien.
- ¿Amiga, qué tal, cómo estás?- le pregunto Santiago con esa picardía que lo caracterizaba.
- Bien, son 30 soles.
- Ya, esta bien, el dinero no es problema para mí ni para mi amigo.
Mientras Santiago acordaba un precio justo con aquella puta, los “cafichos” y las demás putas me miraban con cierto recelo, como si yo fuera o como si Santiago tuviéremos el poder sobre sus vidas, como si nosotros decidiéramos a cual llevar y por lo tanto salvarlas al menos por un momento de ese mundo al cual ellas nunca quisieron entrar. Sin embargo, en vez de sentirme alagado por eso, me sentía intimidado por sus miradas y por sus ropas; decidí girar mi rostro y mirar hacia otro lado; unos metros más allá, se iba a realizar un concierto punk y los asistentes se estaban haciendo presentes, chicos con crestas, ropas viejas y rasgadas, tomando algún trago barato que de seguro habrían comprado en el Jr Zepita; ellos también me miraban con recelo, como si yo fuera diferente a ellos y como si fuera un intruso en su mundo; ya hacía mucho tiempo que había dejado de asistir a esos conciertos, y las pocas veces que iba era cuando mi banda era invitada para tocar, podía ver caras nuevas entre tantas crestas y es que la mayoría de gente “vieja” que conocí cuando estaba dentro de la movida ya no se encontraba presente, el por qué; no podía graficarlo en mi mente. Un humo con un olor característico comenzó a adornar el ambiente, era el olor a marihuana, aquella hierba que fumaba cuando estaba en la universidad y cuando asistía a algún concierto, así sea como asistente o como músico.
Aquel aroma provoco en mi ser un trance de relajación que no experimentaba hace años, pero ese delicioso trance se vio truncado cuando oí los gritos de Santiago pidiendo ayuda.
- ¡!!!!Fernando, huevón!!!, ayúdame que me quieren robar
- Suéltalo conchatumadre- fue lo primero que exclamé.
Un pastelero con el rostro demacrado me apunto con una navaja y me increpó que me vaya y que no lo joda.
- Vete chibolo de mierda o quieres que te robe
Aquella amenaza no me dio mi miedo y lo ataqué por la espalda con todo tipo de golpes, mientras miraba a Santiago que ponía resistencia frente a los demás pasteleros.
Pero a pesar de mi valentía y mis ganas de ayudar a aquel chico que tenía algo en su ser que me atraía desde el colegio; no pude contra el mundo del hampa y sus aliados, porque cuando menos me di cuenta ya había sido tomado por los brazos y arrinconado al lado de Santiago; bueno al menos ahora estábamos juntos; nos rebuscaban los bolsillos, nos quitaron las zapatillas y uno que otro maleante nos propinaba golpes en el cuerpo.
- Ya, ya, ya, dejen que los niños se vayan- mencionó uno de los pasteleros que al parecer era su líder porque tenía más cortes en el brazo que los demás.
Nos soltaron, y nos vimos en medio de la pista, en la cual no pasaba ningún auto, ni siquiera el de la policía; hace años yo cuestionaba la existencia de la policía y ahora deseaba más que nunca que pasara si quiera algún “verde”. Me habían robado todo mi dinero, la liquidación completa de mi último trabajo, estaba sin zapatillas en medio de la pista y Santiago igual, nos miramos y maldecimos nuestra suerte de mierda.
- Puta madre huevón, ¿ahora qué voy a hacer?- exclame.
- Discúlpame Fernando, todo esto es mi culpa- respondió con ganas de llorar y con la cabeza mirando la pista negra y con huecos.
- No, nada hermano, ya fue pues, ya perdimos, qué vamos a hacer, al menos yo ni cagando vuelvo a entrar a buscar putas a ese lugar.
Y fue así como ambos nos fuimos a comprar una botella de pisco, ya que los ladrones no sabían es que yo siempre guardaba unas monedas de más en mis medias, mientras caminábamos por la pista negra, descalzos, me di cuenta que nuestros sueños al igual que nuestras vidas eran unas utopías completas, nuestros sueños de ser unos broadcasters del mundo de la pornografía se alejaban cada vez más como aquella luz que siempre me coqueteaba y se iba por el horizonte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario