sábado, 16 de enero de 2010

Taxi

Aquella noche no iba a ser igual, y eso yo lo sabía muy bien; para empezar estaba lloviendo y nos encontrábamos en vísperas de navidad, acababa de salir de mi trabajo en el centro de lima y me dirigí hacia el Hospital Loayza para tomar el autobús que me debería de llevar a mi casa, media hora y mi carro que no llegaba, 1 hora y el autobús seguía sin llegar; pasaron 2 horas y me cansé, ya me había fumado 2 cigarrillos y estaban que hacían efecto en mi organismo, decidí tomar una vía-expresa. De esta manera fui hacia una esquina del jr. Quilca y me detuve a esperar que llegara algún auto que me lograra sacar del centro de lima, de sus bizarras imágenes y de aquella lluvia que me estaba empapando.
Por lo visto, debido a las vísperas de navidad todos los autos que pasaban tenían una tarifa establecida, las cuales a mí no me parecían nada atractivas ni justas, hasta que después de tanto esperar y de regatear con los taxistas; uno de estos acepto llevarme hasta mi destino.
Me senté en el lugar del copiloto y de vez en cuando observaba al taxista; dos cuadras más adelante subieron otros pasajeros hasta que se llenó el auto. Yo miraba al conductor, nos mirábamos, él se reía y volteaba el rostro hacia su ventana para burlarse de algunas prostitutas que se encontraban regadas por las esquinas del centro de lima.
- ¡Fea! – exclamaba mientras se reía.
- Calla mierda!!- le respondían la mayoría
- ¿Se cree muy rica la pendeja esa no?- me preguntaba con una mirada pícara.
El chofer avanzó por la venida Grau, y se metió al zanjón de la vía expresa. Fue exactamente allí dónde me di cuenta que había tomado el auto equivocado, que aquella carrera podría ser la última de mi vida, y que el velocímetro ya marcaba los 100kph.
Parecía que el auto volaba, y yo sentía que el aire me cortaba el rostro, el chofer daba la impresión de ser un conductor salido de alguna película de Hollywood al cual lo están persiguiendo. Yo lo miraba asustado, pero él solo tenía ojos para el frente y para cada mínimo espacio libre que hubiera en la pista, espacios por los cuales era capaz de matar y de pisar hasta el fondo su acelerador.
- ¡Oiga señor, no puede ir más despacio!- exclamó una de las chicas de que se encontraban en los asientos de atrás.-
- ¿Por qué, estoy yendo muy rápido?
- Hayyyy, señor por favor vaya más despacio sí.

Por mi parte, yo ya estaba pensando en los titulares del día siguiente:
¡TAXISTA LOCO MATA JÓVENES EN LA VÍA EXPRESA ¡

Parecía que nuestro conductor tenía muy mala memoria o tal vez sufría de lagunas mentales, ya que con la velocidad que manejaba también se olvidaba de las cosas.
- Oiga doctor, ¿alguien le persigue?- pregunte con una sonrisa amigable.
- No, por qué.
- Porque parece lo contrario.
- ¿Qué, estoy yendo muy rápido?- me pregunto inocentemente.
- Noo! solo parece- respondí riéndome.
- Nada que ver joven, si estoy yendo lento, más bien, si estuviera “corriendo”, ya estaríamos en chorrillos.

El velocímetro seguía marcando los 100 kph, y en cada curva que aparecía sentía que mi corazón se me iba salir y reventaría la luna del auto. Realmente ya me estaba preocupando y no era el único, los pasajeros de los asientos posteriores; 2 chicas y un joven, también estaban muy asustados, pero también molestos.
- ¡!!Oiga señor, nos va a matar si sigue así!!!- sentencio una de las chicas que no pude ver porque yo me encontraba mirando el horizonte y sujetándome a mi cinturón de seguridad.

- Tranquila señorita, ya estamos llegando- respondió el taxista, tratando de tranquilizarla.

- PARE SEÑOR, PARE, PAREEE!!!!!!!!!!!!!.

Ya habíamos salido del zanjón y estábamos entrando a Barranco, fue en el ovalo balta donde bajaron aquella pareja, gritando contra el conductor.
- JAJAJJJAJA Se asustan por nada – mencionó el chofer riéndose y mostrando que le faltaba un diente.
- Jaja, Si, tiene razón- respondí con una tímida sonrisa.
- Oiga doctor, ¿alguna vez ha hecho “piques”?-le pregunte.
- Si, por la Molina
- ¿Y gano?
- No, de 30 autos, quede 8vo.
- Azu mare, y cuanto es lo máximo que ha llegado
- Una vez llegue a marcar 170 kph.

Con aquella pequeña conversación trataba de lograr que el chofer bajara un poco su velocidad, prestando más atención a mis preguntas. Pero aún así, él me respondía y luego volvía a pisar el acelerador y volvía a joder a los transeúntes y a uno que otro chofer que se cruzara con él.
- ¿Hasta dónde vas chino?- me preguntó
- Aquí nomas doctor, a la curva- le respondí con otra sonrisa amigable.

Acto seguido le pague lo acordado, porque tenía miedo que me hiciera algo por su aspecto de faite recién salido de prisión.
- Gracias - sentencio el chofer.
- Ok doctor, y suerte con los “piques”.

Así fue como sobreviví a aquel chofer loco, pero sabía que me esperaba algo peor que un conductor desquiciado; y aquella pesadilla eran las llamadas fiestas navideñas, los árboles, los panetones, el chocolate, etc.

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